El mundo es grande y la felicidad está a la vuelta de la esquina

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Que una película de 2008 se estrene en 2011 da una idea de la opinión que tienen los distribuidores de los espectadores españoles, de Internet, del DVD y de algunas cosas más. Pero ya que se ha estrenado, hablemos un poco de este filme que, sin ser una obra maestra, merece la pena -y era necesario-.

La historia comienza cuando Sashko sufre un accidente de tráfico, en el que sus padres mueren. Su abuelo viaja desde Bulgaria hasta Alemania para hacerse cargo, pero se encuentra con que sufre de amnesia y no recuerda quién es su abuelo ni que sus padres están muertos. La imágenes del pasado empiezan a engarzarse con el presente desmemoriado para que conozcamos la odisea de la familia para salir de la dictadura búlgara, y los verdaderos motivos que les llevaron a salir. Ese viaje hacia los recuerdos se acelera cuando Sashko se deja llevar por su abuelo y emprenden el viaje desde Berlín, en tándem. Y la película se convierte en una especie de road movie con un viaje iniciático, pues en el fondo el protagonista descubre su pasado, que previamente había enterrado, para encontrar su mejor yo.

A pesar de que el filme consigue un equilibrio que podría parecer imposible, entre los recuerdos del protagonista amnésico, los flash-back que nos ofrece el guión porque sí, la historia lineal que empieza con el accidente y unas cuantas subtramas y unos cuentos géneros, sigue quedando el regusto de que falta algo de ritmo. Posiblemente, la cantidad de información que nos cuenta haga casi inevitable cierta lentitud aparente, pero sigue siendo un logro que nada chirríe o raspe al pasar por la garganta. Y al margen de que nos guste o no el estilo, es innegable la fuerza de la historia y su necesariedad. Desde el drama de la inmigración ilegal, pasando por la corrupción, un ser despreciable, el olvido de los crímenes, una historia de amor bien azucarada…

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