Los juegos del hambre

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Merece la pena hablar de este filme por el fenómeno en el que se ha convertido y para negar la mayor, que sea una crítica social. Lo que más sorprende es la existencia de buenas críticas a este producto estrictamente comercial, o que alguien tenga el estómago -y la falta de cultura- de sugerir que hay algo de crítica social. Es muy molesto que consideren a los adolescentes como a una pandilla de idiotas sin dos dedos de frente. Y que vendan el serrano -pasado- como si fuera bellota -de primera-. Gary Ross ha hecho el pastiche máximo, capaz de pasar de Loach a Zoolander en cuestión de segundos y luego mezclar El show de Truman, Mañana, cuando la guerra empiece y Kings. Los autores de ambas películas (en el caso de la segunda, también partiendo de una novela súper ventas pensada para adolescentes) y de la tercera, una serie de televisión, deberían querellarse por plagio, en más de una ocasión totalmente descarado. Y los autores (novela y guión) de Battle Royale también.

Nos cuesta creernos ese mundo posapocalíptico porque sobra, o porque no funciona como metáfora del presente. Parece que alguien quería lucirse con imágenes esperpénticas y lo único que ha conseguido es llamar la atención por su mal gusto. No se entiende por qué la cámara se mueve tanto, hasta llegar al mareo. Vemos la sangre, pero luego nos la quitan para que siga siendo para todos los públicos. Cada vez que intuimos la crítica social, nos la escatiman cambiando de tema (ni siquiera con una buena ensalada de tiros, que hay que ahorrar). Cada vez que olemos algo de Farenheit 451, de 1984 o de Un mundo feliz, volvemos a Zoolander. Un permanente quiero y no puedo, que no sé si se debe a las debilidades de la novela original porque no tengo el gusto.

Parece que por poner a una heroína al frente del artefacto y por evitar los mensajes ultra conservadores de Crepúsculo ya tenemos una película adolescente digna. El mismo defecto que en Mañana, cuando la guerra empiece: se parte de un mensaje potente para luego descafeinarlo tanto que se frivoliza totalmente. Eso es lo peor, la dilución y frivolización del mensaje que debería llegar y que en realidad se puede contar sin aburrir. Porque criticar el sistema de pan y circo y hablar del control de las masas a través de los medios de comunicación debería ser algo a tomarse en serio y no una broma de mal gusto totalmente descontextualizada, mal rodada y peor plagiada. Y al final, no sé si queriendo o sin querer, el producto (el cine es otra cosa) se convierte en lo que aparenta criticar. Para esto nos ponemos todos a ver Gran Hermano y acabamos antes (y nos gastamos menos dinero).

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