Martha Marcy May Marlene

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La temática de Martha Marcy May Marlene podría parecer, sobre el papel, idónea para un telefilme siestero; pero afortunadamente no es el caso porque Sean Durkin convierte su debut cinematográfico en un estudio de la persona capaz de caer en una secta -y de cómo se le ha de lavar el cerebro-. En el camino, consigue darle consistencia al relato gracias a los flash-back que relatan el paso de Martha (Elisabeth Olsen) por la secta y las consecuencias a través de su disfuncional comportamiento en el presente, pasando por una especie thriller que se cruza en el camino de la protagonista y que le obliga a replantearse su estancia en la secta. También deja un poco de tiempo para retratar las contradicciones de la vida normal de su hermana (Sarah Paulson); irónicamente, la loca de Martha es capaz de verlas desde la distancia.

Martha huye de una vieja granja aparentemente pacífica y de ensueño en la que todo el mundo trabaja y comparte. Llama a su hermana, que la recoge y la lleva a su casa de campo, completamente nueva y racionalista. Martha llevaba dos años sin dar señales de vida. El personaje se va descubriendo en sus rarezas, el formateo al que ha sido sometida y que, primero, la aleja de la normalidad y, después, de la realidad -hasta llevarla a la paranoia-. Vamos conectando poco a poco el paso por la secta con los comportamientos actuales, entendiendo cómo funciona el lavado de cerebro de alguien emocionalmente inseguro, sin llegar a caer en una presentación maniqueísta al comparar dos modos de vida totalmente opuestos y sin aburrirnos, que es sin duda lo más sorprendente.

Todo lo dicho parece sacado de un telefilme barato y sin embargo Martha Marcy May Marlene nos hipnotiza desde el primer momento. Todo el elenco da una lección de interpretación. El retrato del líder violador y asesino (John Hawkes) y sus seguidores acólitos es creíble gracias a una dirección exquisita, en la que cada plano está medido con escuadra y cartabón, siempre distanciado de la acción para contarlo todo desde una prudente tercera persona que disecciona la secta casi como si se tratara de un documental. El guión desgrana los hechos de tal manera que una historia trilladísima se convierte en una intriga y sin que el espectador se sienta traicionado por la dosificación de la información. Y ese exquisito y demoledor plano final que nos hace entender que esos dos años lo han cambiado todo, que ahora Martha siempre vigilará su espalda por si acaso. Toda una película resumida en unas pocas imágenes.

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