Tres veces 20 años

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Julie Gavras (hija de Costa-Gavras, sí) se lanza con una comedia que empieza seria, luego se pone ligera y termina un poco negra. En conjunto, Tres veces 20 años es un filme a propósito de la dignificación del envejecimiento, partiendo del conflicto entre dos sesentones que, de repente, se dan cuenta de que están viejos. A él le da por buscar la juventud -por fingida que parezca- y ella hace todo lo posible para que se le note la vejez -aunque pueda parecer más sensata-. Pero al final queda claro que ambos necesitan es un toque de ego. O dicho de otra manera, necesitamos sentirnos importantes (competentes, necesarios, atractivos…) para no deprimirnos. No basta con existir para una sola persona, la misma desde hace cuarenta años. Otros temas como el papel secundario de la mujer salen a colación entre medias pero son como la música de ambiente, están para aportar solidez al conjunto.

Salvo los dos personajes principales, el resto está retratado con pinceladas muy escasas y algunos no son más que decorado. La película elige retratar un momento en la vida de los personajes, sin importarle mucho que las subtramas acaben o que todos los secundarios tengan entidad propia. Las figuras de los mejores amigos cumplen a la perfección su papel para evitar un exceso de diálogo interno y/o didáctico y los hijos dan el toque cómico necesario para desdramatizar. La abuela simplemente no tiene precio.

Se le podría achacar cierta falta de ritmo en algunos momentos, pero en conjunto es complicado criticar la pericia de los guionistas para pegar tantos trozos sin que se noten las costuras. La dirección es correcta, centrándose en la historia pero sin dejar de añadir algún toque de estilo y siempre dejando espacio para la fina ironía. Isabella Rossellini y William Hurt realizan un excelente trabajo, aunque lo raro sería todo lo contrario y recordarlo pueda parecer redundante. En suma, no se trata de una obra maestra pero merece la pena pasar un buen rato con estos dos viejos enamorados.

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