Moonrise Kingdom

Escrito por


Wes Anderson se ha ido haciendo cada vez más Wes Anderson con el paso de los filmes. Eso tiene ventajas e inconvenientes. Aquellos que estén de su lado adorarán su última película, y aquellos que nunca se sintieron atraídos por su particularísimo universo simplemente no entenderán nada y se aburrirán. Muy pocos representan tan bien el paradigma del cine de autor, porque las películas de Anderson solamente se parecen a sus propias películas, donde todo es extraño al principio del metraje y extrañamente familiar al acabar la sesión. Un cuento mágico para unos y una historia aburrida para otros. Es además inevitable ver los parecidos entre Moonrise Kingdom y Fantastic Mr. Fox, por la temática y por la estética; y eso no tendría nada de particular si la segunda no estuviese hecha a base de muñecos de peluche. Así queda claro que el estilo visual de Anderson está cada vez más definido, que en ocasiones se podría decir que parece un storyboard en movimiento en el que los personajes nunca tienen la edad mental que aparentan. Lo único que no cambia es la temática: la familia, el abandono por parte de esta, la incomprensión en la pubertad, el primer amor, los adultos estúpidos, el paria (nerd) finalmente ganador…

Dos niños problemáticos y aislados de la realidad se conocen por casualidad y sienten el flechazo del amor. Se cartean durante largo tiempo y deciden huir de sus respectivas familias (hacia las que no se sienten especialmente apegados) para iniciar una nueva vida en una playa inhabitada que a su llegada solo se podía nombrar como un punto quilométrico de una ruta que ellos rebautizarán como Moonrise Kingdom, un nuevo amanecer en el que descubrirán o podrán descubrir, sin querer queriendo, qué es el amor. Evidentemente, los adultos, por culpa de su extremo paternalismo, se las arreglan para estropearlo todo.

Los elementos -físicos- que definen a los personajes y nos anuncian sus pasos están sobre la pantalla de una manera totalmente descarada. Los protagonistas se permiten el lujo de describírnoslos y así el guión consigue evitar los clásicos y vomitivos diálogos didácticos que nos dicen lo que debemos pensar y que nos explican la consecuencia cuando ya hemos visto la causa. Y de paso nos miran a la cara y nos cuentan las cosas que no sabemos (aunque no hagan ninguna falta). Esa es la forma de dejar claro que todo el artilugio es solamente cine, que no pretende ser realista sino significante, que la realidad de una película (o de cualquier historia) es la que establece su creador. El que quiera ver cine realista que no se atreva con Anderson, pero que no diga que no estaba sobre aviso.

facebook:

1 Comment

Responder