Prometheus

Escrito por


Ridley Scott juega a explotar su propio legado cinematográfico, prometiendo todo lo que nos dio en el clásico Alien y lo que nos hizo disfrutar James Cameron con la continuación Aliens, pero ahora queda cierta sensación de tomadura de pelo (la tercera y la cuarta película de la saga mejor no las sacamos a colación). Ya no se trata de crear intriga con el mínimo de recursos posible, sino de apabullar al espectador a base de preguntas patafísicas. Si en la primera no importaba mucho de dónde había salido el bicho porque al fin y al cabo se trataba más bien de un filme de terror ambientado en una nave espacial y en la segunda Cameron añadía algo más de acción con algunas respuestas, en esta a Scott solamente parece interesarle abrir líneas argumentales que no tiene ningún interés en cerrar. No hay intriga porque ese no es el tema de la película. Y la sensación de tomadura de pelo surge porque al cine no se va a ver el capítulo piloto de una serie de ciencia ficción que va mucho más allá de la arrogancia.

Las primeras escenas nos muestran a un ser de aspecto humano (¿un titán?) que ve partir una nave de un planeta de color gris plateado, mientras bebe una poción que le destruye y le diluye en un río (el río de la vida, habrá que suponer). Luego un grupo de de arqueólogos encuentra evidencias de que los humanos llegaron a la Tierra de algún sitio lejano al que en la siguiente escena se dirigen para probar que Darwin se equivocó. Encuentran una civilización destruida y las cosas empiezan a precipitarse a base de interrogantes. Las cosas pasan y se supone que tienen que parecernos lógicas porque sí. Los momentos ridículos llegan en el tramo final, cuando los guionistas se dan cuenta de que se les está acabando el metraje y pisan el acelerador porque no les apetece ponerse a reescribir. De repente, los personajes se dan cuenta de lo que está pasando y nos lo cuentan para que estemos al corriente. A los escritores del despropósito debió parecerle que los diálogos siempre pueden solucionar las carencias del guión, cuando lo único que hace es resaltarlas. Pero lo más grotesco es la repentina conversión de los secundarios en héroes kamikazes, ya que el guión no se detiene en ningún momento en construir -casi- ningún personaje y, por tanto, no hay evolución posible que los haga creíbles. En suma, Prometheus no pasa de ser el capítulo piloto de una serie a la que solamente la salvan los estupendos efectos especiales, la banda sonora y Michael Fassbender, Charlize Theron e Idris Elba. A la pobre Noomi Rapace no le dejan hacer gran cosa, además de sangrar. Algo tendrá que ver que uno de los guionistas también sea uno de los creadores de Lost (serie que es una grandiosa tomadura de pelo incomprensiblemente venerada).

facebook:

2 Comments

  • Y la sensación de tomadura de pelo surge porque al cine no se va a ver el capítulo piloto de una serie de ciencia ficción que va mucho más allá de la arrogancia.

  • Las primeras escenas nos muestran a un ser de aspecto humano (¿un titán?) que ve partir una nave de un planeta de color gris plateado, mientras bebe una poción que le destruye y le diluye en un río (el río de la vida, habrá que suponer).

Responder