Quemar después de leer
Cada loco con su tema. Ese debería ser el lema de esta nueva película de los hermanos Coen, que supone un botón de muestra amable pero envenenado de la fauna americana.
Cada loco con su tema. Ese debería ser el lema de esta nueva película de los hermanos Coen, que supone un botón de muestra amable pero envenenado de la fauna americana.
Tras haber sido una de las imágenes más reproducidas del mundo, el rostro del Che se muda al de Benicio del Toro. El culpable, Stephen Soderbergh, que ha sacado toda su artillería para revolucionar las pantallas.
Lo malo de ir a ver una película en la que hay nombres que ofrecen la garantía de un buen producto es que las expectativas se sitúan altas. Esto hace que si la película no las alcanza, el batacazo es mayor. Los nombres son Stephen King y Frank Darabont y el batacazo La niebla.
Resulta gratificante ver que, aunque muy de vez en cuando, el cine español nos puede hacer pasar un buen rato, sin necesidad de recurrir al chabacanismo ni al chiste fácil y barriobajero. Eso hace gracia un rato, pero también se agradece comprobar que todavía quedan directores y guionistas que están dispuestos a sacarle punta a las actividades cotidianas, como en este caso el trabajo, de una manera más inteligente y eficaz. Casual Day es un ejemplo de ello. De primeras tal vez no nos veamos muy identificados con la situación que se nos presenta, ya que Max Lemcke nos muestra a un grupo de trabajadores de una gran empresa que están siendo llevados al campo para convivir un día, haciendo juegos, siguiendo una terapia, etc., práctica que sólo se da en determinadas empresas y con trabajadores con cierto status.
En publicidad dicen que para vender un producto, lo primero es ponerle un nombre con gancho, fácil de pronunciar y que describa bien lo que quieres vender. Para el cine es de suponer la misma máxima pero, en el caso de La noche es nuestra, de primeras, y en mi humilde opinión, no creo que esté logrado. ¿Se trata de un anuncio de ron o tal vez es una película estilo American Pie?. Pues no, se trata de una película protagonizada por Joaquin Phoenix, Mark Wahlberg, Eva Mendes y Robert Duvall, y cuenta la historia de dos hermanos, uno policía y otro director de un club donde la mafia rusa hace sus negocios, que se enfrentan cuando el primero decide luchar, junto con su padre, contra dicha mafia.
Cuando alguien escucha mencionar a Tim Burton, la primera palabra que se le puede venir a la cabeza es "gótico". Al igual que con la palabra "romántico", tendemos a simplificar sus significados, además de contraponerlos. Para sacarnos del error Burton ha viajado al Londres del siglo XIX, haciendo escala en el Broadway de nuestra era, para traernos a Sweeney Todd, un personaje romántico, cuya vida se ve truncada, recurriendo así al alter ego del romanticismo, la venganza.
Expiación: más allá de la pasión. La cosa no empieza bien para el que no se haya informado antes de ir al cine de qué va la película. Esperando en la cola para coger las entradas veo las caras de pánico y de aburrimiento de esos chicos que han sido arrastrados al cine por sus novias. Ellos, resignados, aceptan la elección, con el consuelo que les reporta el descubrir el nombre de Keira Knightley en el reparto. Ellas, emocionadas, piensan que se van a fagocitar otro pastiche romántico made in USA, cuyo galán será James McAvoy. Estas reacciones no son de extrañar al analizar el desacertado título, cortesía de las distribuidoras españolas.
Son las doce de la noche, la sala está llena, el sonido de las palomitas es momentáneamente silenciado cuando el anuncio de Dolby ensordece a una audiencia, que ha decidido pasar casi tres horas de un sábado noche viendo cómo se las gasta Ridley Scott en terreno mafioso. Comienza la película, vemos un cuerpo arder ante la impasible mirada de un futuro American Gangster, Denzel Washington, mientras el crujir de las palomitas hace de banda sonora de una película que, desde ese momento, crea en el público curiosidad. Primer objetivo conseguido. A partir de ahí olvidamos el tiempo. Scott busca su segundo objetivo: implicar al espectador. Para conseguirlo Washington y Rusell Crow le echan una mano. El primero representa el sueño americano sostenido en la familia y el triunfo, y el segundo la vida caótica, dura y mediocre, pero honrada.
En un momento en el que el cine vive zarandeado por huelgas y falta de ideas frescas, la mejor solución es echar mano de lo que ya está inventado y hecho. Y si a esa falta de originalidad le añadimos unas imágenes resultonas y manidas, cuerpos atractivos y violencia en motion capture, tendremos como resultado Beowulf. Este legendario poema sajón ha sido llevado a la gran pantalla por Robert Zemeckis, que ya utilizó la técnica de digitalización de movimientos de actores reales en Polar Express. Aquello fue un cuento navideño, propio de estas fechas, pero lo que nos llega ahora es un espectáculo de músculos, princesas, monstruos y sangre que, a pesar de lo que pueda prometer la potente campaña de marketing, deja bastante indiferente al humilde, pero exigente espectador.