Subject: Asfixión
Avisádme. Informádme que subir al autobús número « 33 » es una aventura cuyas consecuencias son inseguras. El que entra a él se asfixia y el que sale de él se roba. Sin embargo, me reí e hice hincapié en una extraÑa estupidez para emprender esta experiencia.
Tomé mi billete en la taquilla y empecé a esperar. Quizas si yo hubiera viajado a un tren àrabe, habría llegado antes de venir el autobús esperado.
En cuanto lo subí, hasta que una inundacion de carne humana se dirija, se empuja con los hombros y los pies, otros abriviaron el camino saltando con piruetas a la ventanilla. No sé cómo llegué al corazon del autobús. Todo lo que sé es que mi cuerpo se habia hundido entre decenas cuerpos; yo no andaba, pero cómo llegué? No sé.
Por delante de mi, habia una mujer poniendo un niÑo en su espalda que debe de tener cuetro aÑos, un niÑo dispistado, muerde un sfenzh* lleno de aceite, y de vez en cuando relame con frucion aquel liquido que fluye de su nariz.
A mi izquierda, una persona que de él se exhala olor de sudor, que provoca a vómitos y desmayo.
Por detras, habia otra persona que se adehesa de mi de forma extravajante.
Sentia yo que sus alientos ardian mis orejas.
El autobús era como una tortuga decrépita que la fatigó el tiempo.
El conductor se para en cada estacion para subir decenas de gentes. No sé cómo el aurobús da cabida a este gran número.
Todavia los alientos del hombre están cerca de mis orejas, ententé alejarme un poco. Sin embargo, el atasco...La asfixia, la tufarada del sudor.
Las fruicciones del hombre se aumentaron de una manera palmaria. Mas de eso, el juego me encantó. ¡Ay hijo de perro! ¿También en los autobuses? ¡Ay hermano!. Ehh. Alejate un poco de mi...Es una verguenza lo que estás haciendo. Hay muchos lugares más cómodos que aqui y puedes hacer eso...Yo no hago eso. Es el atasco, ademas hay otra persona que se adehesa por detras de mi y me callo, no me opongo.
Eso es asunto tuyo, si te gusta el juego y te deleitas, pero yo al revés.
Si no te agrada, bajate y toma un taxi. El autobús se convierte en un susurro de insultos, censuras e improperios.
El conductor gritó: ¡ Silencio! O me vuelvo el autobús a la Agencia de policia más cercana de aqui.
Ay Dios mio! Quieo bajarme. Qué demonio me ha dictado la idea de montar este maldito autobús?
Es la docima vez en la que la tortuga se para. No, no deja de ser una tortuga, sino se ha convertido en un ser metodológico que engulle a este gran número de gente.
Oi una voz, porque estaba anegada entre aquel descomunal número de viajeros, y no pude ver ni a la gente adelantera ni a la trasera.
¡Hermanos mios!, hijos mios!... Soy un hombre herido, y tengo diez hijos...No tengo nada que darlos a comer...Otro grito, ¡Herido y pobre!, ¡Hijo de perro! y engendras este número de hijos? Mereces el ahorcamiento ni la limosna...
Los ricos matan el tiempo en clubs y en viaje, mientras que los pobres matan el vacio entre las piernas de sus esposas o juegan a damas.
Yo lo conozco, vive en “ Drab ghalaf”. No está casado, cada vez trae una nueva historia para conmover la gente.
La tufarada del sudor y este niÑo que está enfrente de mi, sigue lamendo su mocusidad con fruición que da asco, y el animal por detrás de mi, su jadeante se aumenta de forma horrible, y sin darme cuenta grité, ¡quiero bajarme!.
Últimamente, me bajé. No sé por donde meticulosamente. Sin embargo, qué mas da!
Llené mi riÑón con aire. De verdad, fue un aire contamenado, pero es mejor que el del autobús.
Hice ademán a un taxi. Gracias a Dios, ya llego a casa.
Cuando quise pagar al taxista, me dé cuenta que la cartera no exisite, ya se habia desaparecido de mi bulsa.
*Sfengh: Es un dónut, una rosquilla más popular que se sirve caliente por los vendedores callejeros. Los marroquies lo comen preferiblemente como desayuno.
BOUSSAD Rachid, Khénifra, 2008
Tomé mi billete en la taquilla y empecé a esperar. Quizas si yo hubiera viajado a un tren àrabe, habría llegado antes de venir el autobús esperado.
En cuanto lo subí, hasta que una inundacion de carne humana se dirija, se empuja con los hombros y los pies, otros abriviaron el camino saltando con piruetas a la ventanilla. No sé cómo llegué al corazon del autobús. Todo lo que sé es que mi cuerpo se habia hundido entre decenas cuerpos; yo no andaba, pero cómo llegué? No sé.
Por delante de mi, habia una mujer poniendo un niÑo en su espalda que debe de tener cuetro aÑos, un niÑo dispistado, muerde un sfenzh* lleno de aceite, y de vez en cuando relame con frucion aquel liquido que fluye de su nariz.
A mi izquierda, una persona que de él se exhala olor de sudor, que provoca a vómitos y desmayo.
Por detras, habia otra persona que se adehesa de mi de forma extravajante.
Sentia yo que sus alientos ardian mis orejas.
El autobús era como una tortuga decrépita que la fatigó el tiempo.
El conductor se para en cada estacion para subir decenas de gentes. No sé cómo el aurobús da cabida a este gran número.
Todavia los alientos del hombre están cerca de mis orejas, ententé alejarme un poco. Sin embargo, el atasco...La asfixia, la tufarada del sudor.
Las fruicciones del hombre se aumentaron de una manera palmaria. Mas de eso, el juego me encantó. ¡Ay hijo de perro! ¿También en los autobuses? ¡Ay hermano!. Ehh. Alejate un poco de mi...Es una verguenza lo que estás haciendo. Hay muchos lugares más cómodos que aqui y puedes hacer eso...Yo no hago eso. Es el atasco, ademas hay otra persona que se adehesa por detras de mi y me callo, no me opongo.
Eso es asunto tuyo, si te gusta el juego y te deleitas, pero yo al revés.
Si no te agrada, bajate y toma un taxi. El autobús se convierte en un susurro de insultos, censuras e improperios.
El conductor gritó: ¡ Silencio! O me vuelvo el autobús a la Agencia de policia más cercana de aqui.
Ay Dios mio! Quieo bajarme. Qué demonio me ha dictado la idea de montar este maldito autobús?
Es la docima vez en la que la tortuga se para. No, no deja de ser una tortuga, sino se ha convertido en un ser metodológico que engulle a este gran número de gente.
Oi una voz, porque estaba anegada entre aquel descomunal número de viajeros, y no pude ver ni a la gente adelantera ni a la trasera.
¡Hermanos mios!, hijos mios!... Soy un hombre herido, y tengo diez hijos...No tengo nada que darlos a comer...Otro grito, ¡Herido y pobre!, ¡Hijo de perro! y engendras este número de hijos? Mereces el ahorcamiento ni la limosna...
Los ricos matan el tiempo en clubs y en viaje, mientras que los pobres matan el vacio entre las piernas de sus esposas o juegan a damas.
Yo lo conozco, vive en “ Drab ghalaf”. No está casado, cada vez trae una nueva historia para conmover la gente.
La tufarada del sudor y este niÑo que está enfrente de mi, sigue lamendo su mocusidad con fruición que da asco, y el animal por detrás de mi, su jadeante se aumenta de forma horrible, y sin darme cuenta grité, ¡quiero bajarme!.
Últimamente, me bajé. No sé por donde meticulosamente. Sin embargo, qué mas da!
Llené mi riÑón con aire. De verdad, fue un aire contamenado, pero es mejor que el del autobús.
Hice ademán a un taxi. Gracias a Dios, ya llego a casa.
Cuando quise pagar al taxista, me dé cuenta que la cartera no exisite, ya se habia desaparecido de mi bulsa.
*Sfengh: Es un dónut, una rosquilla más popular que se sirve caliente por los vendedores callejeros. Los marroquies lo comen preferiblemente como desayuno.
BOUSSAD Rachid, Khénifra, 2008

rachid boussad
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