Hace un tiempo que mis manos se llevan fatal.
La diestra se debió hartar un día de tanto agravio comparativo: mientras su compañera se entregaba a la desidia, a ella se le confiaban todas las tareas.
La gota que colmó el vaso debió ser el Rolex que hace un mes coloqué a la izquierda en su muñeca. Ese mismo día intenté aplaudir y ambas se cruzaron en el aire sin llegar a encontrarse. Desde entonces la derecha, despechada, no responde a ninguno de mis dictados y actúa con una independencia retadora. Delega las labores más ingratas en su contraria y me pone en un brete continuo: ayer mismo en una reunión de trabajo se dedicó a hurgar en mis narices, hoy a la mañana - cuando se lo he reprochado me ha soltado un soplamocos- ha pellizcado en el trasero a la vecina del quinto. Prescinde de los cubiertos, roba en el supermercado y hace gestos obscenos a la policía.
Es inútil, créame, recluirla en un bolsillo o intentar controlarla llevando el brazo en cabestrillo.
Por eso, amigo mío, hágale caso y deme su cartera. La muy puñetera es muy capaz de apretar el gatillo.
This post was edited on 2006-08-03, 12:25 by Aster Navas.
Esto es tuyo colega? embaucador, genial, frio, sorprendente... Podria pasar por un fragmento de una peli de Tarantino... espectacular.
He notado el cañon en la sien.
P.D. Todo y eso, en mi opinión estúpida, el párrafo del medio tiene que convertirse en dos. Es demasiado largo y se expresan dos ideas diferentes en él, creo.