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	<title>Sísifo &#187; Letras</title>
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		<title>El Premio</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Dec 2011 09:10:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Humanes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Prosa]]></category>

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		<description><![CDATA[Hará unos años del premio, después de una interminable espera en la mesa de los finalistas anunciaron el nombre. A las cuatro y media de la tarde me dieron el cheque y me entregaron el diploma...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_3559" class="wp-caption aligncenter" style="width: 690px"><img class="size-large wp-image-3559" title="al_Ilustracion_susana" src="http://sisifo.es/wp-content/uploads/2011/12/al_Ilustracion_susana-680x906.jpg" alt="" width="680" height="906" /><p class="wp-caption-text">Grito de sombra, de Susana Pozo. Tinta y acrílico sobre papel.</p></div>
<p>Hará unos años del premio, después de una interminable espera en la mesa de los finalistas anunciaron el nombre. A las cuatro y media de la tarde me dieron el cheque y me entregaron el diploma. A mi regreso del estrado, después del discurso habitual, me senté de nuevo en la mesa. Las luces del techo eran blancas y resaltaban la elegancia y sobriedad de los manteles negros. Los comensales se movían arrastrando los pies. Las copas hacían un clic agudo y molesto al chocar.</p>
<p>-Ya tiene usted la migala –me dijo la joven del vestido negro.</p>
<p>No comprendí. Éramos seis los finalistas sentados en la misma mesa. Pareció que nadie adivinó el sentido de la afirmación y me miraron a la vez, esperando la réplica ingeniosa. Guardé el cheque en la americana. Plegué el diploma en cuatro partes y lo puse debajo del plato.</p>
<p>-La migala de Arreola… –explicó la joven enseñando todos los dientes-. La amenaza total, la máxima dosis de terror –siguió-, ¿conoce usted al mexicano Juan José Arreola?</p>
<p>Me costaba decir algo. Miré a mi derecha y dormitaba un hombre mayor, calvo, con gafas, apoyando la cara en su mano. Se había ensuciado su bigote con la nata del postre. A su lado un joven con el peinado engominado parecía querer palmotearle. Pero reprimía el impulso y le tiraba minúsculas migas de pan a la calva. Con ello procuraba contentar a las dos mujeres que había en la mesa. Ellas reían tapándose la boca con las manos y dando pequeños saltitos en sus sillas, aunque no olvidaban la pregunta lanzada. Eran escritoras. Habían quedado a las puertas del premio. Les interesaba conocer el nivel de todo un primer premio. Me dije que debía hacer un esfuerzo y pronunciar alguna palabra, recomponer la figura y mostrarme como el ganador. Al menos llevar a la sobremesa algo de espíritu.</p>
<p>-Parece que el otro se ha ido, ha salido corriendo al escuchar su nombre –me dijo la otra mujer tomándome la vez, pálida como una estatua y con los ojos muy abiertos.</p>
<p>-Su candidatura ha sido un tiro al aire –comentó el joven haciendo el gesto de cargar una escopeta y simulando el tiro con la boca.</p>
<p>A mi izquierda no había nadie. Una silla vacía y una servilleta con un nudo. Los cubiertos abandonados encima del plato. No dije nada. Podría haber hecho algún comentario pero me dio por pensar en el ausente. Apenas le recordaba. Había estado a mi lado durante la comida. Pero no le recordaba. Unas manos largas. Unas mangas de camisa rígidas. No mucho más. Los camareros continuaban con su movimiento incansable y desde las otras mesas algunos comensales señalaban a la nuestra. Elevaban sus copas y tuve que hacer en un par de ocasiones lo mismo, en correspondencia al acto. De alguna forma yo era un intelectual. Eso me trajo el recuerdo del arrebato en los primeros premios. Esa locura contenida y sin esfuerzo, canalizada en un saber hacer pasmoso y seguro. Ese celebrar con la copa en alto y con un discurso improvisado. La cabeza bien arriba.</p>
<p>-En el cuento de Arreola el protagonista compra una migala, una repulsiva migala, sabiendo de antemano que es la esencia del terror, pero al final se quedan solos los dos, sin mujer de por medio, migala y protagonista son los únicos que pueden hacerse compañía –contaba la joven.</p>
<p>-¿Qué es una migala? –preguntó la mujer pálida.</p>
<p>El joven representó una araña con los dedos de su mano y la hizo pasear de un lado a otro de la mesa hasta sostenerla cerca de la cabeza del hombre mayor. Sus dedos afilados daban arcadas al moverse. Tanta actividad llegó a saturarme, y me distraje mirando por los ventanales de la sala. Amplios acristalados que daban al jardín, donde llovía sin parar. Un jardín repleto de parterres de flores rectangulares con un diseño formal, ordenado al milímetro. En el centro de la mesa había flores de esos parterres. El joven engominado seguía con su entretenimiento y cogía algunas de esas flores y las ponía dentro de la copa de vino del hombre mayor. Ellas le acompañaban en la broma. En esas creí ver encima de la mesa un charco de sangre. Pareció que la joven del vestido negro también se alertó; pero era tan solo el derrame de algo de vino del finalista ausente. La consecuencia del cansancio de la jornada. No le presté más atención. Unos comensales habían apostado por acercarse al ganador y comenzaban a rodearme y a hacerse fotos conmigo. Me felicitaron. Tuve que estrechar sus manos, dar besos, y me convencieron ir a la sala privada. Acepté con una mueca de indiferencia. Los finalistas no perdieron la oportunidad de exhibirse y me acompañaron. Allí se encontraba reunido el jurado, conversando animadamente y de pie, mientras los camareros pasaban con algunos dulces y licores en sus bandejas. Miré atrás y comprobé que me seguía de cerca la mujer del vestido negro. Se puso a mi lado y el presidente del jurado nos recibió a los dos. El resto de los invitados eran espectadores del encuentro.</p>
<p>-Qué bien tenerle aquí –dijo-, ¿cómo pudo construir un cuento con tanta fuerza? – me preguntó mientras cogía mi mano y la agitaba con fuerza en el saludo.</p>
<p>-… es extraño que ustedes no sepan cómo se hace –dijo de broma la joven del vestido negro.</p>
<p>Ni tan siquiera pude pronunciar alguna palabra. Vi que esa sala privada también tenía amplios ventanales, y que seguía la lluvia. El tedio le podía a la habilidad social. Deseé estar afuera. Sin embargo el jardín parecía lejano, improbable. Mejor no pensar en nada. Y sin más se apagaron las luces. Se escuchó un chasquido encima de nuestras cabezas y la sala quedó a oscuras. Apenas podía intuirse nada allá dentro. La luz de los ventanales era engullida por la densidad de la negrura de la sala. En la repentina penumbra noté unos labios en el cuello, unas manos que avanzaban por la espalda, un abrazo que me apretó el cuerpo con una fuerza irritante.</p>
<p>-Se apagaron las luces –confirmó la evidencia el presidente del jurado. Y un ¡oh! general se escuchó al adivinar unos mecheros que encendieron los camareros.</p>
<p>El aliento húmedo se abría paso. Las pestañas contra mis pómulos. Una lengua molesta escarbaba en el cuello. Intenté reaccionar a tiempo, moverme y expulsar la intromisión, pero fue imposible contrarrestar el ataque. De poco sirvió tensar los hombros y desplazarme a un lado. Aunque la llama de los encendedores consiguió apaciguar el acto, calmar la embestida, pese a no iluminar lo suficiente. La retirada se produjo con lentitud. Había un regocijo cruel en esa conquista de mi cuerpo. Resignado esperé a que finalizase, el encenderse de las luces blancas de la sala. Cuando sucedió los invitados aplaudieron y los camareros continuaron con su desplazamiento en diagonal, como si no hubiese sucedido nada. El presidente del jurado esperaba la respuesta con interés en la misma posición.</p>
<p>-Cuéntenos cómo lo hizo –volvió a decirme.</p>
<p>La joven del vestido negro me miraba embriagada.</p>
<p>-Fue como un desgarro –dije.</p>
<p>Se rieron de buena gana con la ocurrencia. Y propusieron un brindis por el ganador. La joven hizo un gesto de desagrado pero acabó participando.</p>
<p>-Brindemos por la migala –dijo.</p>
<p>No la entendieron. Pero apuraron afanosos sus copas. Ella clavaba sus ojos en mis manos temblorosas. Lo natural hubiera sido que la descubriera delante de todos. No lo hice. Y creí adivinar un movimiento excitante en su frente. Como si una de las venas corriera de un lado a otro, moviéndose de aquí para allá. Y, más tarde, ese movimiento lo creí repetido en sus brazos, por su cuello, por su nuca descubierta. Como si un insecto en constante y eléctrico desplazamiento se recrease recorriendo su cuerpo. Sí, un cuerpo pequeño pero proporcionado, con unas piernas delgadas pero firmes si el observador no prestaba la atención suficiente. Me sonrió. Adiviné en esa sonrisa el fin del juego. Pero sus labios ya se habían convertido para mí en un pico sucio. Era una finalista flacucha, infeliz, un engaño. Los otros dos se acercaron, conversaron con ella y se fueron.</p>
<p>-Vamos a fumar afuera –me susurró al oído el joven antes de irse.</p>
<p>Y los tres corrieron a la mesa a por su tabaco. El presidente del jurado continuaba hablándome y yo me asomaba a la puerta de la sala y veía a los tres sortear a los camareros. Reían como pájaros. El joven se entretenía persiguiéndolas alrededor de la mesa. Después les pasó el brazo por los hombros y salieron al jardín. El hombre calvo continuaba con sus cabezadas, ajeno a todo. Una vez afuera vinieron cerca del acristalado de nuestra sala. Formaban un grupito precario pero buscaban no sentirse solos. Se asomaban al cristal. Intentaban ver qué sucedía en nuestra reunión. Señalaban sin cautela. Recibí con gusto una copa de vino. Con ellos afuera, en cierto modo, me liberaba de la presión, y me animé y dije algunas palabras que fueron recibidas con aplausos. Me sorprendí al causar una afectación tan profunda con unos razonamientos tan corrientes. Acabé con el cuerpo recostado en la pared y la copa en la mano, seguro de mí mismo, hablando con unos y otros. Me engañaba. Estaba ansioso por llegar al final. La reunión se apagaba lentamente y los tres finalistas llegaron empapados, poco antes de la despedida.</p>
<p>-En el fondo sabía que podía confiar en usted –me dijo el presidente antes de abandonar con su esposa el recinto, estrechándome la mano con furor, satisfecho por la elección.</p>
<p>Los últimos comensales me rodearon y solté algunas frases ingeniosas, trabajadas en casa para estos actos. Los camareros recogían las mesas y ya se escuchaba cómo hablaban entre ellos. Me aseguré de que el cheque estuviese en mi americana y palpé en mi bolsillo varias veces, entre despedida y despedida. El joven engominado se fue rápido. Me dio la impresión de que se marchaba enojado. Nos despedimos con un movimiento de cabeza y salió rápido de la sala, sin intercambiar palabra con sus compañeras. La mujer pálida me felicitó por primera vez desde el premio y me dio dos besos sonoros con sus labios cerosos. La joven de negro prefirió el saludo serio y le di la mano, lejano y frío. No nos dijimos nada. Ellas dos se fueron juntas.</p>
<p>Quise quedarme un rato más y me senté en la mesa, al lado del hombre calvo, que continuaba en su sueño. Apuré la copa. Los camareros nos echaban. Tuve que despertarle. Se limpió con un pañuelo el bigote. Los dos salimos del centro de convenciones y seguía la lluvia. Está muy oscuro para andar, pensé. Y ahí comenzó el dolor de cabeza. Era un aguijonazo firme, intenso. Más tarde se transformó un corretear frenético. El dolor iba de un lado a otro, persistente. Él estaba muy molesto. No podía creerse perdedor. Me confesó que había dedicado años a su relato. Difícilmente podía concentrarme en sus quejas, pero intenté consolarle. Nos acompañamos un buen rato. No nos detuvimos en ningún momento. Preferí no contarle nada más.</p>
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		<title>La variable</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Nov 2011 13:46:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Humanes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacamos]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[Prosa]]></category>

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		<description><![CDATA[Un escarabajo boca arriba mueve sus patas, y él lo toca con el bolígrafo, y prefiere no girarlo porque quiere que conserve su apariencia de caminar por el cielo azul...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_3521" class="wp-caption alignright" style="width: 350px"><img class="size-medium wp-image-3521" title="tumblr_ltc2cuNCfq1r554v0" src="http://sisifo.es/wp-content/uploads/2011/11/tumblr_ltc2cuNCfq1r554v0-340x439.jpg" alt="" width="340" height="439" /><p class="wp-caption-text">&#39;El observatorio&#39;, collage de Daniel Madrid</p></div>
<p>Un escarabajo boca arriba mueve sus patas, y él lo toca con el bolígrafo, y prefiere no girarlo porque quiere que conserve su apariencia de caminar por el cielo azul, y decide salir del jardín y volver al despacho donde están sus libros, y luego subir los peldaños de la escalera dejando atrás el salón con las cortinas rojas y la mesa con sus platos y las dos copas de vino vacías, todo ello para anotar que la naturaleza es azar cuando no puede identificarse la causa y que la causa del escarabajo boca arriba es pura confusión, como lo es el hombre, matiza, porque la situación del objeto depende del que mira, tal y como le sucede al gato de Schrödinger en la caja en la que el que observa modifica el estado del gato, y ahora está vivo y ahora muerto, y lo piensa sentado con una taza de café en la mano pese a que el café ya está frío, porque era café de mañana y ahora ya es tarde de verano, y en esas decide ir a lavarse las manos, y vuelve a su sillón negro y tiene la ocurrencia de que Dios es un gran pájaro, un faisán que va dando y quitando, y lanza los dados provocando la estadística, y así está durante casi dos horas anotando en su cuaderno las probabilidades hasta que coge un libro de Everett de la librería sin caber de asombro porque ha tomado ese libro como quien agarra un boleto de lotería ganador, y lee sobre los múltiples universos que vienen a ser universos paralelos donde desde un punto un hecho se ramifica en variables, todo descuidado a la eventualidad, y describe en su cuaderno los acontecimientos de su vida que llega a recordar teniendo el cuidado de trazar bastantes flechas para cada uno de ellos, y luego imaginar otras derivaciones posibles que se hubiesen dado, y así elegir y no quedarse anclado en el acontecimiento único que va en línea recta porque esa es una línea odiosa que acaba por ser un resumen cruel del azar, y eso lo madura mientras se asoma a la ventana que hay frente a su mesa y coge los prismáticos para ver si el escarabajo continúa dándole a la carrera, y no logra situar al bicho en el jardín pese a realizar un rastreo cuidadoso hasta que decide dejar los prismáticos a un lado y se quita las gafas y se masajea la frente, y en un arrebato le viene el recuerdo ruinoso de lo sucedido hace unas horas, tan solo unas horas, la ruptura del universo rectilíneo, y que se resume en que A –que es él- conoce a B – que es ella- en la facultad, y B acepta acudir a E –que es su casa, la casa de A- tras la estrategia desplegada, y acude hoy mismo, hoy, hace unas horas, y así hablan de los encuentros accidentales que bien podrían ser la tesis de B para que A acepte su contratación como becaria, y B le aconseja a A que pare porque está demasiado impaciente, sexualmente impaciente le matiza, y A se enoja, y B quiere salir de allí, y A que procura calmar su furia contemplando el cuadro de encima de la chimenea, y B que corre a la puerta y A que corre detrás de ella, y A que no la alcanza y se cae porque siempre fue un profesor muy torpe, y luego B alejándose por el camino, y como resultado A que ha perdido a B y hasta ahí todo más o menos correcto y punto y final y se acabó, pero la verdad es que no hubo punto y final rotundo y no lo hubo porque inmediatamente en la casa de al lado C –que es el otro, la variable- con su suéter de marca y cabello engominado sale a ver qué sucede, y B ya es un punto diminuto en el camino, y A le dice que no sucede nada y que no se preocupe, y sin más B –ella, sin más- que saca la cabeza por la puerta de la casa de C, y luego su bello cuerpo, y también pregunta y sale al porche como si hubiese estado desde hace siglos en esa casa, y C y B fuesen marido y mujer, y C le da la mano con cariño a B y un niño se asoma por una de las ventanas como resultado del confort de ese hogar, y es entonces ahí donde se justifica la necesidad de cambiar los acontecimientos y ser justo con la línea y eso pasa por suprimir la variable del universo múltiple que ha explotado en las narices, y el azar en la vida y la multiplicación de los mundos y aplicar mano y palo al hecho de la casualidad sin quedar nada más que embestir de frente para conquistar la confusión y golpear a C con la fuerza de cien leñadores, si bien eso lo piensa ahora en el despacho mirando al jardín y en la seguridad de la casa y concluyendo que como mucho acabar con la repugnancia del escarabajo y plaf, y el escarabajo debajo de la suela, una mancha marrón no más, y así aplastar definitivamente a ese insecto que tanto le recuerda a sí mismo, dar otra variable a la azarosa vida del escarabajo, inesperada para el mundo de ese coleóptero concreto, y pisotear así al inútil profesor que estudia el azar, al asqueroso insecto que siempre fue.</p>
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		<title>Más rábanos y menos Goris</title>
		<link>http://sisifo.es/2011/09/mas-rabanos-y-menos-goris/</link>
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		<pubDate>Mon, 12 Sep 2011 07:43:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pilar Cobo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>

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		<description><![CDATA[Nunca es tarde, tan sólo el mañana dicen los poetas muertos y el vitalismo más nietzscheano, en un singular cruce de caminos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_3251" class="wp-caption aligncenter" style="width: 460px"><img class="size-full wp-image-3251" title="Dreamsharing" src="http://sisifo.es/wp-content/uploads/2011/09/Dreamsharing.jpg" alt="" width="450" height="338" /><p class="wp-caption-text">Imagen: Wikipedia</p></div>
<p>Nunca es tarde, tan sólo el mañana dicen los poetas muertos y el vitalismo más nietzscheano, en un singular cruce de caminos. Un lugar donde Deleuze, mi Deleuze, me dejó prestado su rizoma, mientras crecía la infinita locura para dar algo de sentido al sinsentido, para encontrar ese único estado donde la verdad se asoma alguna vez desde el balcón de nuestras almas perdidas ¡Esas malditas almas perdidas! Un lugar donde Focault hacia el amor con Derrida, y a Heidegger no le importaba compartir alcoba con el último metafísico. Una bacanal de ideas sucias no optas para mentes quietas. Unas ideas que a veces se atrevían a ser mayores de edad y marxistas, transformando la teorética en toda una praxis, porque ya era la hora de poner los relojes a punto, y sacar la cabeza del hoyo. Si los Fraggles lo hicieron, porque no nosotrxs&#8230;</p>
<p>Hay que devenir tío Matt, sin lugar a dudas. Necesitamos más gomas de borrar con forma de lápiz Stadler, para escribir partituras de ruido blanco. Y perderse, perderse para saber quienes somos&#8230; si es que aún somos&#8230; si es que aún queremos, si es que&#8230; quién soy, de dónde vengo y, sobre todo, qué haces tú leyendo esto?</p>
<p>Un abrazo</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Che</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Aug 2011 08:11:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Albert Lladó</dc:creator>
				<category><![CDATA[Los caraduras]]></category>

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		<description><![CDATA[El aroma de los ideales &#8211; a cuestas, entre sierra y sierra – queda oculto bajo el olor a sangre seca (un olor de hierro y dunas) en los estadios olímpicos llenos de pueblo y venganza. Una fragancia de sospecha bajo el perfume del heroísmo, la justicia social y la lucha contra el dogmatismo. El asma es eso, el no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-3212" title="CameraBag_Photo_1000 (1)" src="http://sisifo.es/wp-content/uploads/2011/08/CameraBag_Photo_1000-1.jpg" alt="" width="450" height="522" /></p>
<p>El aroma de los ideales &#8211; a cuestas, entre sierra y sierra – queda oculto bajo el olor a sangre seca (un olor de hierro y dunas) en los estadios olímpicos llenos de pueblo y venganza. Una fragancia de sospecha bajo el perfume del heroísmo, la justicia social y la lucha contra el dogmatismo. El asma es eso, el no beneficiarse de la duda.</p>
<p>Ernesto, extranjero patriota del continente y de las áfricas explotadas, la medicina de la verdad es un camino que demasiadas veces lleva a la muerte. Ajena y propia, forzada, huyendo hacia lo eterno. Sabes &#8211; lo sabes &#8211; qué le pasó a Camilo, tú conoces un destino truncado por la disidencia, por el debate, porque lo cierto es que pocas cosas son ciertas de entrada, y el poder puede, pero también calla. Los aviones caen en la consciencia de los que miran hacia otro lado. Los accidentes somos nosotros, todos.</p>
<p>El fusil no es un martillo, no dicta ni analiza, no dispara justicia. Ahora, entre arengas en forma de poesía barata, en ese mausoleo con pestilencia a fascismo, te alzas como un santo claro. Un cristo <em>fashion</em> de camisetas y chapas, comercializando un rostro y una estrella, roja. Eran otros tiempos, pero el diario se ha seguido rellenando con los mismos errores, con la violencia del que se queda. Enfrente de tu figura, dura y distante, hay tres chabolas. Se oye la música del futuro. La única victoria.</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Agujeros</title>
		<link>http://sisifo.es/2011/08/agujeros/</link>
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		<pubDate>Thu, 25 Aug 2011 13:32:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Francesca Viana</dc:creator>
				<category><![CDATA[Random Writings]]></category>

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		<description><![CDATA[Chema: ¿Sabes una cosa? El otro día vi a Quique. Rafa: (pausa) ¿A Quique? ¿De qué hablas? Chema: No&#8230;, bueno, quiero decir que me vi a alguien que se le parecía un montón y que llevaba puesta una camiseta como la suya, su preferida. ¿Sabes cuál te digo? Rafa: ¡Ya ves!¡No se la quitaba ni para dormir! La verde pistacho [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Chema: ¿Sabes una cosa? El otro día vi a Quique.</p>
<p>Rafa: (pausa) ¿A Quique? ¿De qué hablas?</p>
<p>Chema: No&#8230;, bueno, quiero decir que me vi a alguien que se le parecía un montón y que llevaba puesta una camiseta como la suya, su preferida. ¿Sabes cuál te digo?</p>
<p>Rafa: ¡Ya ves!¡No se la quitaba ni para dormir! La verde pistacho llena de agujeros, ¿no?</p>
<p>Chema: ¡Esa misma!</p>
<p>Rafa: Al final el muy capullo acabó perdiéndola (risas) ¿Te acuerdas?</p>
<p>Chema: Claro que me acuerdo. Aquella noche los tres llevábamos un pedal impresionante y Quique empezó a potar como un cerdo&#8230;</p>
<p>Rafa: Y no quería mancharse la camiseta&#8230;</p>
<p>Chema: Y mientras se la quitaba perdió el equilibrio&#8230;</p>
<p>Rafa: Y se pegó una hostia&#8230; (carcajadas los dos) ¡Qué bueno! Aquél muro debía tener trescientos años por lo menos, pero se lo comió enterito&#8230; ¡Dios!, aquello tuvo que hacerle daño&#8230; (carcajadas los dos)</p>
<p>Chema: Ya lo creo&#8230; Pero no dijo ni una palabra&#8230; Perdió el conocimiento allí mismo.</p>
<p>Rafa: Es verdad&#8230; Y lo llevaste a casa, ¿no?</p>
<p>Chema: ¡Ya lo creo! Y lo metí en la cama.</p>
<p>Rafa: ¡Joder!</p>
<p>(carcajadas los dos)</p>
<p>Chema: Fue ahí cuando la perdió. Yo ni la vi en el suelo.</p>
<p>Rafa: No veíamos nada, tío.</p>
<p>(risas los dos)</p>
<p>Chema: Menudo cabreo pilló al día siguiente&#8230;</p>
<p>(carcajadas los dos)</p>
<p>Rafa: Fue el mismo día que descubrió lo de Sonia, ¿no?</p>
<p>Chema: El mismo, no sabes en qué estado llegó a mi casa. Hacía sólo dos horas que la había pillado con aquel tipo, pero ya se había bebido media destilería. No dejaba de repetirme cómo había sido&#8230;</p>
<p>Rafa: Uf, qué horror&#8230; Pero cómo nos reímos después&#8230; ¿Eh? (risas)</p>
<p>Chema: Eso sí. El cabrón de Quique era un auténtico fiestas.</p>
<p>Rafa: (serio) ¿Cuántos años hace que ocurrió?</p>
<p>Chema: ¿El qué?¿Lo de esa noche?</p>
<p>Rafa: No, ya sabes&#8230;</p>
<p>Chema: Ah&#8230; Un&#8230; unos cinco años. Yo estaba viviendo en Londres cuando su madre me llamó.</p>
<p>Rafa: ¿Fue ella quién te contó que se había tirado desde un sexto piso?</p>
<p>Chema: Sí, y fue horrible. Ni siquiera tuve tiempo de ir al entierro.</p>
<p>Rafa: ¿Tú tampoco pudiste ir?</p>
<p>Chema: Tampoco. Al parecer sólo asistieron sus familiares y algún que otro vecino&#8230;</p>
<p>Rafa: Qué putada, joder&#8230;</p>
<p>Chema: Una grandísima putada.</p>
<p>Rafa: ¿Por qué lo haría?</p>
<p>Chema: ¿Por qué? Y yo que sé&#8230; ¿Y por qué no?&#8230; Ya sabes cómo era Quique, siempre riendo. Tuvo que pillar a su novia comiéndosela a su jefe para que yo pudiera verlo afectado alguna vez. No sé tío, ni puta idea de por qué lo hizo, aunque&#8230; Últimamente&#8230; ¿Sabes?&#8230;Últimamente yo también pienso mucho en el&#8230;</p>
<p>Rafa: ¿En Quique?</p>
<p>Chema: No, en el&#8230; (dubitativo) ¿Puedo hacerte una pregunta?</p>
<p>Rafa: Claro capullo, ¿por qué me preguntas si puedes?</p>
<p>Chema: Si un día&#8230; Si un día, de pronto, te enteras de algo así&#8230; Quiero decir&#8230; Si alguien te cuenta que me he matado&#8230; ¿Podrías contárselo a los demás? (pausa) Me refiero a decírselo rápido&#8230; Para que puedan venir al entierro.</p>
<p>Rafa: Venga Chema, vete a la mierda&#8230; ¿Pero de qué cojones estás hablando?</p>
<p>Chema: No, en serio, ¿lo harías?</p>
<p>Rafa: Pues claro que lo haría, imbécil, ¿pero qué mierda te pasa?¿Por qué te has puesto así de repente?</p>
<p>Chema: Por nada tío. (carcajadas) Vamos a tomar algo de una puta vez, tengo la boca seca.</p>
<p>Rafa: Eso tío, y deja de tocarme las pelotas ya.</p>
<p>(carcajadas los dos)</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Hitos</title>
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		<pubDate>Mon, 25 Jul 2011 12:08:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Francesca Viana</dc:creator>
				<category><![CDATA[Random Writings]]></category>

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		<description><![CDATA[Las tetas. Periodo significativo donde los haya, tu libertad indeterminada se ve cercenada. Pablito y tú, que hasta ahora habéis sido iguales, o casi, tomáis posiciones. A ti te toca llevarlas y a Pablito desearlas. Los dos os hacéis mayores. Fin de carrera. Descubres que cualquier tentativa de ser feliz es imposible. Desde ahora, tendrás que trabajar y ver desaparecer [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las tetas. Periodo significativo donde los haya, tu libertad indeterminada se ve cercenada. Pablito y tú, que hasta ahora habéis sido iguales, o casi, tomáis posiciones. A ti te toca llevarlas y a Pablito desearlas. Los dos os hacéis mayores.</p>
<p>Fin de carrera. Descubres que cualquier tentativa de ser feliz es imposible. Desde ahora, tendrás que trabajar y ver desaparecer tu comodidad de estudiante. No importa, en eso consiste hacerse mayor, además, Pablito y Martita están igual que tú. Continúas.</p>
<p>Plan de puta madre. No sabes bien cómo lo has hecho, pero estás ahí. Viajas, aprendes y conoces a muchos Pablitos. Sigues llevándolas, pero sin resignación. Tienes claro la caducidad del periodo, sabes que acabará pronto y empiezas a urdir un plan nuevo.</p>
<p>Desilusión. Tus planes han fracasado, te toca buscar un trabajo y ganarte la vida. Te cuestionas sobre el sentido de la vida, pero sin planteamientos metáfisicos, más bien a lo práctico. Te parece gracioso, o mejor dicho, que tiene puta gracia el tener que trabajar para tener menos que cuando tirabas de tus padres.</p>
<p>Apaciguamiento. Las aguas recuperan la calma, vives con un Pablito y crees haber alcanzado la edad adulta. Tienes alguna que otra idea clara, o eso creías, hasta que todo se va a la mierda.</p>
<p>Mierda. Periodo cíclico que apesta, pero que como vino, desaparece.</p>
<p>La verdad de frente. Un día te sorprendes a ti misma cantando a coro una canción casposa de los ochenta. &#8221;Mierda&#8221;, piensas. Ves claro que eres una pureta. El techo de la discoteca se cierne sobre ti, ves tu vida pasar en imágenes. &#8221;¿Pero qué ha cambiado?&#8221;, te preguntas. Y lo ves de frente, las tetas empiezan a estar caídas, pero también te das cuenta de de aquel Pablito de la barra te está mirando. Qué simple es todo.</p>
<p>Luz fatua.</p>
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		<title>Luces, colores, sombras IV</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Jul 2011 10:07:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Albert Pérez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[En España un David, de pintor un pedazo, lloran al caudillo: destellos de Madrazo. &#8230; En el purgatorio la Virgen, lo clásico no caduca, con poco, rafaelesco: el castellano Machuca. &#8230; Marinos y estaciones, plasmados no sin huella, emociones, estados… retratos de Maella. &#8230; Lenguas de metal, la del gran Pegaso, puños de puñal: bravo toro Picasso. &#8230; Relojes de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En España un David,</p>
<p>de pintor un pedazo,</p>
<p>lloran al caudillo:</p>
<p>destellos de Madrazo.</p>
<p>&#8230;</p>
<p>En el purgatorio la Virgen,</p>
<p>lo clásico no caduca,</p>
<p>con poco, rafaelesco:</p>
<p>el castellano Machuca.</p>
<p>&#8230;</p>
<p>Marinos y estaciones,</p>
<p>plasmados no sin huella,</p>
<p>emociones, estados…</p>
<p>retratos de Maella.</p>
<p>&#8230;</p>
<p>Lenguas de metal,</p>
<p>la del gran Pegaso,</p>
<p>puños de puñal:</p>
<p>bravo toro Picasso.</p>
<p>&#8230;</p>
<p>Relojes de cera</p>
<p>que no son de aquí;</p>
<p>galante y excéntrico:</p>
<p>surrealista Dalí.</p>
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		<title>Luces, colores, sombras III</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Jul 2011 10:06:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Albert Pérez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[Arcos, ojivas, pináculos… con maestría precisa; las casa de Dios: el gótico Parcerisa. &#8230; Alargadas figuras, cual títere o muñeco, siempre imperecedero: el incomprendido Greco. &#8230; La prematura muerte a su padre exalta, pudiendo haber sido otro gran Ribalta. &#8230; Azucenas, claveles y rosas del valiente pagano, margaritas y ranúnculos: el florista Arellano. &#8230; Joyas, coronas y cetros que el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Arcos, ojivas, pináculos…</p>
<p>con maestría precisa;</p>
<p>las casa de Dios:</p>
<p>el gótico Parcerisa.</p>
<p>&#8230;</p>
<p>Alargadas figuras,</p>
<p>cual títere o muñeco,</p>
<p>siempre imperecedero:</p>
<p>el incomprendido Greco.</p>
<p>&#8230;</p>
<p>La prematura muerte</p>
<p>a su padre exalta,</p>
<p>pudiendo haber sido</p>
<p>otro gran Ribalta.</p>
<p>&#8230;</p>
<p>Azucenas, claveles y rosas</p>
<p>del valiente pagano,</p>
<p>margaritas y ranúnculos:</p>
<p>el florista Arellano.</p>
<p>&#8230;</p>
<p>Joyas, coronas y cetros</p>
<p>que el deceso anteceda;</p>
<p>tempus irreparabile fugit:</p>
<p>el caballero Pereda.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Àngel Guimerà</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jul 2011 08:38:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Albert Lladó</dc:creator>
				<category><![CDATA[Los caraduras]]></category>

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		<description><![CDATA[Con tu romanticismo tan realista, te sientes cómodo entre los pintores callejeros que te rodean los domingos, intentando captar la luz de una acuarela, o al turista despistado. Guimerà, con la elegancia de tus bigotes, y unas gafas redondas para ver pasar el tiempo, permaneces sentado, con la tranquilidad que dan los días y las tormentas, que bien sabes por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-3137" title="guimera" src="http://sisifo.es/wp-content/uploads/2011/07/guimera.jpg" alt="" width="450" height="450" /></p>
<p>Con tu romanticismo tan realista, te sientes cómodo entre los pintores callejeros que te rodean los domingos, intentando captar la luz de una acuarela, o al turista despistado.</p>
<p>Guimerà, con la elegancia de tus bigotes, y unas gafas redondas para ver pasar el tiempo, permaneces sentado, con la tranquilidad que dan los días y las tormentas, que bien sabes por experiencia que siempre acaban apaciguándose.</p>
<p>Miras tu querida Catalunya, con tantos lobos persiguiendo al  Manelic de turno, con la música de tanta cultura de palacios de tierras bajas, ensombrecida por la corrupción de pocas familias que lanzan sus tentáculos, llenos de tantos por cientos y obras públicas.</p>
<p>Guimerà, por mar y cielo, defiendes una patria que te costó un Nobel, y recuerdas con nostalgia las tardes de café y puro en el Ateneu hasta que, a finales de julio, morías muy cerca de donde estás ahora. Un único botón te cierra la americana, y la pajarita es el lazo a tu teatro, el regalo que nos ofreces como herencia.</p>
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